miércoles, 20 de enero de 2016

El mundo como supermercado. La conciliación razonada de los egoísmos





"Ha evocado en sus textos más de una vez la figura de Robespierre, y en una entrevista se declaraba partidario de una sociedad comunista, aunque reconocía que no funcionaría demasiado bien con individuos como usted. Por otra parte, en su poema Dernier rempart contre le libéralisme [Último baluarte contra el liberalismo], se refiere a la encíclica de León XIII sobre la misión social del Evangelio. En su opinión, ¿qué hay que hacer, políticamente, para que el hombre siga siendo hombre? 

viernes, 4 de abril de 2014

sábado, 13 de julio de 2013

La explosión de la solidaridad



"Nuestra sociedad [“moderna tardía”, como se la suele llamar ahora sin fundamento (1)] de consumidores, profundamente individualizada, es exactamente lo opuesto a una fábrica de solidaridad: produce desconfianza mutua y competencia. Un efecto colateral muy común del funcionamiento de esta fábrica es la devaluación de la solidaridad humana: un rechazo o incluso una negativa de su utilidad en la persecución de los deseos personales y el logro de las metas personales. La devaluación de la solidaridad tiene sus raíces en el deterioro de la atención al bien común y la calidad de la sociedad en la cual se desarrolla la vida del individuo. Como señala Ulrich Beck, más que una comunidad consensual en todo nivel, es el individuo humano separado, en su naturaleza distintiva y su lucha solitaria por la autodeterminación, el que sobrelleva actualmente la carga de buscar y encontrar, individualmente y dentro de los límites definidos por la magnitud de sus recursos individuales, soluciones “individuales” a problemas “producidos socialmente” (en su eficiencia y su insensatez equivale a construir un refugio antibombas para evitar las consecuencias de la guerra nuclear)."

...

"Cada extraño (y en una ciudad, sobre todo si es grande, todos somos extraños para los demás salvo excepciones) es sospechado de malas intenciones. Y ninguna de las formas mencionadas de evitar las amenazas reales e imaginarias al cuerpo y las posesiones aplaca la sensación de peligro o elimina el miedo a los extraños; al contrario, son la prueba más visible de la realidad de la amenaza y justifican el miedo generado al enfrentarse con el “extraño”. Cuanto más elaborados son los cerrojos, los candados y las cadenas que instalamos de día, más aterradoras son las pesadillas de intrusiones y saqueos que nos atormentan de noche. Cada vez nos resulta más difícil comunicarnos con los que están detrás de la puerta. La profundización de nuestro mutuo aislamiento físico y mental, la pérdida de un lenguaje común y la capacidad de comunicarnos y entendernos unos a otros –estos procesos ya no necesitan estímulos externos; como si ya se guiaran por el “hágalo usted mismo” se alimentan de sí mismos, se desatan solos y tienen su propio impulso. Resulta tentador ver en ellos el primer perpetuum mobile que la humanidad ha logrado construir."

 Zygmunt Bauman.  La explosión de la solidaridad.


sábado, 22 de junio de 2013

William Carlos Williams y la universidad



"¿Qué significa aprender sólo de los libros?. Nada en absoluto.  La universidad destroza todo lo que hay de original en los jóvenes.  Les llega en sus años de formación y si hay algo personal en ellos, enseñándoles a copiar, copiar y copiar, se lo echamos a perder.

Quizá sea cierto en algunos casos, la interrumpí, pero para mí lo que cuenta es la actitud que uno adopta al respecto.  Lo que yo quiero para mis chicos, si desean ir, es que les sea útil.  Si van allí sin venerar los conocimientos de sus profesores, sino tomándolos como un medio para algo que necesitan, no creo que les haga daño.

Quizá tenga razón, añadió, es la actitud -si una la puede tomar debidamente- lo que cuenta.  Pero yolo tragué todo de los libros.  Al final me dejó fría.  Aquellos hombres no saben absolutamente nada.  Es la vida, lo que vemos y decidimos por nosotros mismos, lo que cuenta."

William Carlos Williams.  Mente y cuerpo, del libro Historias de Médicos. Pág. 26

domingo, 9 de junio de 2013

Espantapájaros


8


"Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.
En mí, la personalidad es una especie de furunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.
Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W.C…
¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera!
Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.
¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo —me pregunto— todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?
El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia… de un egoísmo… de una falta de tacto…
Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de transatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas.
Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda."


Oliverio Girondo.  Espantapájaros.  Págs. 8-10

martes, 21 de mayo de 2013

Y si aprendemos de los bosquimanos (bushmen)



"Las señales o presentimientos por los cuales los bosquimanos reconocen la proximidad de un animal o un ser humano se manifiestan en su propio cuerpo.  Son, como hemos dicho, indicios de metamorfosis.  Si queremos conservar intacto el valor que estas señales tienen para el examen de la metamorfosis, ante todo habrá que abstenerse de introducir nada ajeno al mundo de los bosquimanos y conservar esas señales tan sencillas y concretas como lo son en realidad.  Enumerémoslas en el orden siguiente, sacadas del contexto de los relatos citados:
  1. Un hijo siente la antigua herida de su padre exactamente en la misma zona del cuerpo donde el padre la recibió.
  2. Un hombre siente en su propio hombro la correa con que la mujer lleva a cuestas a su hijo.
  3. Un avestruz se rasca con la pata la zona del cuello donde le ha picado un "piojo".  El bosquimano experimenta la misma sensación en su propia nuca, justo donde el avestruz se rasca.
  4. Un hombre siente en sus propios pies el roce de las patas de las gacelas con los matorrales, y en su rostro la raya negra que va desde la frente hasta la punta del hocico de la gacela.  Y siente también las manchas negras que rodean los ojos de la gacela alrededor de los suyos propios; y el pelaje negro de los costados del animal, en sus propias costillas.
  5. Un bosquimano nota que le escurre sangre por las pantorrillas y la espalda.  Es la sangre de la gacela que va a abatir y con la que cargará a hombros; nota asimismo el pelaje del animal.  En la cabeza siente el lugar donde la gacela tiene los cuernos que van a cortarle, y en las pantorrillas, la sangre que suele gotear del animal muerto cuando lo lleva a cuestas."
 ...

"El cuerpo de un mismo bosquimano se convierte en el cuerpo de su padre, de su mujer, de un avestruz y de una gacela.  Es muy importante que pueda ser todo eso en distintos momentos y volver luego a ser él mismo.  Las metamorfosis que van sucediéndose varían según las circunstancias externas y son metamorfosis nítidamente diferenciadas: cada criatura cuya llegada siente el hombre sigue siendo lo que es y este le distingue claramente de las demás, de lo contrario no tendría sentido.  El padre con la herida no es la mujer con la correa.  El avestruz no es la gacela.  La identidad propia, de la que el bosquimano puede desprenderse en la metamorfosis, se conserva intacta.  Puede metamorfosearse en tal o cual ser, pero estos siguen estando separados porque entre uno y otro el bosquimano siempre vuelve a ser él mismo."

 
Elias Canetti.  Masa y poder. Págs. 491; 492-493

sábado, 18 de mayo de 2013

Creo que podría transformarme y vivir con los animales...


Monjas católicas / Prostituas. Mark Laita


“I think I could turn and live with the animals, they are so placid and self contained;
I stand and look at them long and long.
They do not sweat and whine about their condition;
They do not lie awake in the dark and weep for their sins;
They do not make me sick discussing their duty to God;
Not one is dissatisfied-not one is demented with the mania of owning things;
Not one kneels to another, nor his kind that lived thousands of years ago;
Not one is responsible or industrious over the whole earth.”


"Creo que podría transformarme y vivir con los animales, son tan apacibles y dueños de si mismos;
Me detengo a contemplarlos durante largo tiempo.
No sudan ni se quejan de su suerte;
No se pasan la noche en vela, llorando por sus pecados;
No me molestan discutiendo su deber para con Dios;
Ninguno está insatisfecho, a ninguno lo enloquece la manía de tener cosas;
Ninguno se arrodilla ante otro, ni ante sus antepasados;
En toda la tierra no hay ninguno que sea respetable o desdichado."

Walt Whitman.  XXXII. Canto a mi mismo.