martes, 21 de mayo de 2013

Y si aprendemos de los bosquimanos (bushmen)



"Las señales o presentimientos por los cuales los bosquimanos reconocen la proximidad de un animal o un ser humano se manifiestan en su propio cuerpo.  Son, como hemos dicho, indicios de metamorfosis.  Si queremos conservar intacto el valor que estas señales tienen para el examen de la metamorfosis, ante todo habrá que abstenerse de introducir nada ajeno al mundo de los bosquimanos y conservar esas señales tan sencillas y concretas como lo son en realidad.  Enumerémoslas en el orden siguiente, sacadas del contexto de los relatos citados:
  1. Un hijo siente la antigua herida de su padre exactamente en la misma zona del cuerpo donde el padre la recibió.
  2. Un hombre siente en su propio hombro la correa con que la mujer lleva a cuestas a su hijo.
  3. Un avestruz se rasca con la pata la zona del cuello donde le ha picado un "piojo".  El bosquimano experimenta la misma sensación en su propia nuca, justo donde el avestruz se rasca.
  4. Un hombre siente en sus propios pies el roce de las patas de las gacelas con los matorrales, y en su rostro la raya negra que va desde la frente hasta la punta del hocico de la gacela.  Y siente también las manchas negras que rodean los ojos de la gacela alrededor de los suyos propios; y el pelaje negro de los costados del animal, en sus propias costillas.
  5. Un bosquimano nota que le escurre sangre por las pantorrillas y la espalda.  Es la sangre de la gacela que va a abatir y con la que cargará a hombros; nota asimismo el pelaje del animal.  En la cabeza siente el lugar donde la gacela tiene los cuernos que van a cortarle, y en las pantorrillas, la sangre que suele gotear del animal muerto cuando lo lleva a cuestas."
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"El cuerpo de un mismo bosquimano se convierte en el cuerpo de su padre, de su mujer, de un avestruz y de una gacela.  Es muy importante que pueda ser todo eso en distintos momentos y volver luego a ser él mismo.  Las metamorfosis que van sucediéndose varían según las circunstancias externas y son metamorfosis nítidamente diferenciadas: cada criatura cuya llegada siente el hombre sigue siendo lo que es y este le distingue claramente de las demás, de lo contrario no tendría sentido.  El padre con la herida no es la mujer con la correa.  El avestruz no es la gacela.  La identidad propia, de la que el bosquimano puede desprenderse en la metamorfosis, se conserva intacta.  Puede metamorfosearse en tal o cual ser, pero estos siguen estando separados porque entre uno y otro el bosquimano siempre vuelve a ser él mismo."

 
Elias Canetti.  Masa y poder. Págs. 491; 492-493

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