miércoles, 20 de enero de 2016

El mundo como supermercado. La conciliación razonada de los egoísmos





"Ha evocado en sus textos más de una vez la figura de Robespierre, y en una entrevista se declaraba partidario de una sociedad comunista, aunque reconocía que no funcionaría demasiado bien con individuos como usted. Por otra parte, en su poema Dernier rempart contre le libéralisme [Último baluarte contra el liberalismo], se refiere a la encíclica de León XIII sobre la misión social del Evangelio. En su opinión, ¿qué hay que hacer, políticamente, para que el hombre siga siendo hombre? 


Puede que la anécdota que voy a contarle sea apócrifa, pero me gusta mucho: dicen que fue Robespierre quien insistió para que se añadiera la palabra «fraternidad» a la divisa de la República. Como si se hubiera dado cuenta, en una intuición fulgurante, de que la libertad y la igualdad eran dos términos antinómicos; de que era absolutamente indispensable un tercer término. La misma intuición que en los últimos tiempos le llevó a intentar luchar contra el ateísmo, a promover el culto al Ser Supremo (y eso en medio de tantos peligros, de la escasez, de la guerra civil y exterior); ahí podemos ver una prefiguración del concepto comtiano de Gran Ser. En general, me parece poco verosímil que una civilización pueda subsistir mucho tiempo sin ninguna religión (precisando que una religión puede ser atea, como el budismo). La conciliación razonada de los egoísmos, error del Siglo de las Luces al que los liberales, en su incurable necedad (a menos que se trate de cinismo, que al fin y al cabo vendría a ser lo mismo), siguen haciendo referencia, me parece una base de una fragilidad ridícula. En la entrevista que usted mencionaba, yo decía ser «comunista, pero no marxista»; el error del marxismo fue pensar que bastaba con cambiar las estructuras económicas, y que el resto vendría por sí mismo. Como hemos visto, el resto no ha venido. Por ejemplo, si los jóvenes rusos se han adaptado con tanta rapidez al ambiente repugnante del capitalismo mafioso es porque el régimen precedente fue incapaz de promover el altruismo. Y no lo consiguió porque el materialismo dialéctico, basado en las mismas premisas filosóficas erróneas que el liberalismo, es por principio incapaz de conducir a una moral altruista. Dicho esto, y aunque soy dolorosamente consciente de la necesidad de una dimensión religiosa, me declaro fundamentalmente no religioso. El problema es que ninguna religión actual es compatible con el estado general del conocimiento; está claro que lo que nos hace falta es una nueva ontología. Tal vez estos problemas parezcan exageradamente intelectuales; no obstante creo que tienen, poco a poco, enormes consecuencias concretas. En mi opinión, si no ocurre algo en este terreno, la civilización occidental no tiene ninguna posibilidad."

El mundo como supermercado. Michel Houellebecq

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